sábado, 18 de enero de 2020

Relato de un sueño.

He soñado con ella, ha sido mía aunque fuese en mis sueños, su cabeza pegada a mi pecho, mis brazos rodeando su cuerpo. He soñado con ella y sus ojos me miraban, su respiración pausada, ella dormida entre mis brazos. La soné amándola y sus besos fueron míos, su aroma a rosas cubría también mi cuerpo, su tersa piel rosando junto a la mía y pude hasta sentir como sus cabello bajaba hasta su espalda.


Había soñado con ella y cuando desperté me di cuenta que había sido una fantasía, no estaba su cuerpo junto al mío, ni sus brazos, si sus ojos, sin embargo su aroma aun me era perceptible. Se bien que no fue real pero al menos en mis sueños la besé, la abracé y la acaricie a mis anchas, al menos en mis sueños me dijo que me amaba, al menos en mis sueños había sido mía.

Y así como una potente droga, al despertar necesitaba otra dosis, sus besos sus caricias, su cuerpo, la necesitaba. El día transcurrió normal, sin embargo por dentro la ansiedad me quemaba, un síndrome de abstinencia que atormentaba, y sólo esperaba llegar a aquel lugar para mirarla, el mayor premio del día.

Desgraciadamente por más cigarros que fumé junto a la puerta y por más tiempo que esperé, no pude verla, sin embargo la noche anterior, aunque fuera solo en mi sueño, había sido mía y en mi cabeza se rezaba este verso:

Tengo ganas de verte,
Aunque sea un segundo, una mirada.
Tengo ganas de robarle al reloj una manecilla,
Para detenerlo en el momento que te vea.
Capturar en mi alma tu reflejo más eterno,
Para que en el momento de mi muerte,
Seas lo último que vea.




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