En mi vida he leído
tantas historias, de Aquiles y Briseida, de marco Antonio y Cleopatra, de Sherlock Holmes e Irene Adler, de romero y Julieta, había leído tantas historias que
renegaba del mundo real. Pensaba siempre que becquer era el último romántico y el
romanticismo había muerto con él, que el último épico era Churchill y la última pisca de heroísmo
se fue en su ataúd. En mi vida había conocido tanto de los libros que no
concebía aquellas emociones en el mundo real, pero un día cuando aquella mujer
apareció ante mis ojos lo descubrí, descubrí que las emociones se detonaban por
un incentivo, comprendí que el deseo, la fuerza, el heroísmo, y la entrega se
movían por algo, en este caso por alguien.
De pronto
y un día sin saberlo, me halle como Aquiles buscando a mi Briseida, como Odiseo yendo en busca de mi Penélope, como Zeus convirtiéndome
en águila por mi Europa, y como Paris cambiándolo todo por mi helena. En
ese momento entendí que había encontrado a mi cleopatra que reinaba sobre Egipto, a mi Julieta que
le robaba y belleza al sol, a mi Afrodita de prohibido erotismo. Desde ese
momento la epopeya se había convertido en buscarla, el romanticismo vivía
en sus ojos y el paraíso eran sus brazos y el infierno se hallaba en su
ausencia. Me había convertido en escritor y ella en el más hermoso de los
libros el más misterioso y la historia que más deseaba leer. ¿Cuál era la mejor
de los libros? Sin duda era si piel, y muero por leerla.

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