Era de noche y la recordaba más que nunca, su cabello como el cielo, sus ojos como luceros, sus mejillas como la luna Blanca y sus labios como la vía Láctea que se dibujaba en el firmamento. Era de noche y no podía sacarla de mi cabeza, cualquier pretexto me llevaba a ella, la brisa nocturna me hacía desear sus brazos, y aquella taza de café me remitía a pensar en el sabor de sus besos.
La noche seguía corriendo hasta llegar la madrugada, encendí un cigarro y me fume hasta el último aliento de su respiración. De repente mi sueño me transportó nuevamente a sus brazos y la brisa me cubrió como si fuera ella, la luz de luna pasaba en mi ventana como si ella me mirara, y hasta en el cantar de los grillos sentí el ritmo de su corazón latiendo junto a mi pecho.
Era de noche y la noche se iba, y como los amantes nocturnos ella se esfumaba de mis brazos, la luna dio paso a la aurora y al despertar ella ya no estaba, su brazos se habían ido, su respiración ya no estaba, hasta el latido de su corazón se había ido, sin embargo esa noche como muchas otras, en mi soledad ella durmió conmigo y la amé como tantas veces la había amado y cuando desperté aún la amaba.
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