Aquella noche recién la había visto, cruzamos unas cuantas
palabras en las que me dijo que se encontraba mal, que tenía un dejo de
tristeza. Después de unos minutos se fue y me quedé meditando todo aquello, ¿Cómo
sería posible que aquella mujer por la que yo sufría tanto pudiera también sufrir?
Aquella pregunta me intrigó tanto que pensaba en hacer algo, algo para hacerla sonreír
para hacerla sentir que contaba conmigo. Tengo que admitir que al no ser lo
suficientemente valiente para hablarle, le escribí esta carta la cual jamás le
entregué:
Hola, sé que en este momento soy el más inoportuno pero necesitaba
decirte que estoy aquí para lo que necesites, que si te llegas a sentir sola
solo dime a la hora que gustes y estaré, que no dudes que te quiero mucho y que
sin duda cuentas conmigo, y que estaré esperando el momento que pueda
verte, bien sabes que al menos para mí, verte es un privilegio y no tienes idea
de cuan valiosa para mi eres.
¿Recuerdas que te dije que me
intereso en algo no me rindo?, pues no quitaré el dedo del renglón y sigo
insistiendo que quiero verte un día de estos... A menos que tengas otro punto
de vista
Serán fuego las estrellas,
Serán frescas las primaveras,
Cuando tú me quieras,
Cuando tú me mires.
Volverán los soles a brillar
Y la luna a caminar,
Cuando me vuelvas a mirar,
Cuando por fin me quieras.
Cuando pasen mil eneros,
Cuando las hojas caigan,
Seguirán siendo fuego las estrellas.
Y cuando mis ojos se cierren,
Cuando mis inviernos lleguen,
Seguirán siendo fuego las estrellas.
Cuando me quieras…

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